Hace años que algo calamitoso y sí, muy ridículo, viene moldando la sociedad actual. La idea del superhombre de Nietzsche se queda corta al lado del superhombre 2014. Un superhombre o mujer sin cicatrices, con un cuerpo absolutamente trabajado, sin tiempo para el ocio. Sin humor, porque claro, mientras más serio, más inteligencia demuestra. Un superhombre estresado hasta las venas. Por una carrera darwinista para conseguir el pan en una sociedad que te aprecia por tus valores banales, tales como la forma del cuerpo, tu rendimiento en algún ámbito, tus lujos, tu derroche, etc.
¿En qué momento perdimos el rumbo? ¿En qué momento nuestras exigencias nos apartaron del verdadero sentido de la vida: ayudar al de al lado?
Este superhombre-mujer recurre a la cirugía estética para corregir imperfecciones que no son tales. Pues seguir los cánones de una sociedad enferma es síntoma de enfermedad.
El superhumano 2014 no saluda al extraño, pues no tiene tiempo para las tonteras de la vida. Tonteras que finalmente constituyen la vida, pues ésta se debería componer sanamente de momentos
sin trascendencia. Momentos gratos.
Los momentos para reír son cronometrados. Los viajes, si los hay, son rigurosamente calendarizados. Rendir es lo importante. Y eso causa, entre otras cosas, que seamos el país que más consume antidepresivos en Latinoamérica. Es decir, nos matamos estudiando, nos sacrificamos y ¿para qué? Para ganar dinero y gastarlo en remedios.
Este super-bobo utiliza químicos para no oler a humano. ¡Pues que horripilancia el hecho de ser animal! También se viste de traje, pues la tela bien cocida absolutamente representa el interior del cerebro. Nos realizamos Tests de inteligencia cuando la ciencia ni siquiera sabe muy bien qué es la inteligencia. Hay algunas definiciones que no alcanzan ni a rozar el concepto de inteligencia. Y las usamos para clasificar. Para enumerar. Pues el robot número 432 es más deficiente que el robot 234.
Para profundizar más en el concepto del cuerpo, estamos confundiendo drásticamente el concepto de salud con el concepto estético. Le damos una importancia desmesurada al "qué dirán". Y la solución es darse cuenta de que somos simples monitos criticando a otros monitos. El chimpancé alfa y sus "calugas" no pueden dominar la sociedad actual, pues, aunque nadie lo crea, ¡ya evolucionamos!
Hay que cambiar este sin sentido. Nuestra pirámide de valores está fatalmente invertida. Por ejemplo, resulta que todos somos descendientes de europeos, con parientes Condes y Duques. He hablado con varias personas que realmente creen en esa estupidez. Que alguien me diga una razón no racista de por qué el europeo es superior al indígena autóctono. No las hay, al menos razones culturales y científicas. Pero nadie de la clase alta se puede ni imaginar la tragedia de que fuese posible su ascendencia "impura".
Para terminar, quisiera resumir todo lo anterior en la siguiente idea. La enfermedad social del siglo 21 es buscar razones para sentirse superior al de al lado. La persona feliz, la persona lograda, no necesita compararse con el resto. No necesita apellidos rimbombantes. No necesita un cuerpo delineado a cincel. La persona feliz ya no existe. Finalmente, el superhombre 2014 nos terminó por convencer a todos.
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