miércoles, 25 de junio de 2014

¿Qué sacamos si Chile gana el mundial?: El valor del fútbol en una sociedad educada




Es cierto que la selección chilena nos une como país. ¿Pero nos une para qué? El simple hecho de unirse no significa nada, pues debe haber una meta, un fin. No todas las uniones son buenas, pues hay que recordar que la Alemania Nazi también se unió, pero con el fin de causar dolor. Por ende, el simple hecho de que un país se una no implica que esa unión sea buena o productiva, enriquecedora. Debemos analizar el propósito de esa unión.

¿Cuando apoyamos a Chile nos estamos uniendo como país para resolver el problema de la educación? ¿Acaso cuando apoyamos a Chile estamos enriqueciendo la cultura? 

El buen chileno te dirá que es un apoyo que le nace del corazón. Pero nazca de donde nazca, todo ese apoyo tiene como fin la celebración. La vendimia. Vanagloriarse con la victoria y sacarle pica al país derrotado. Aquellos son valores que realmente no tienen ningún sentido en una sociedad moderna que busca con la razón el acercamiento y la tolerancia entre los pueblos.
Entonces, el fin de apoyar a Chile en el mundial es para celebrar. ¿Pero celebrar qué? ¿Acaso alguno de nosotros ayudó en la formación del excelente delantero Alexis cuando de niño entrenaba en Tocopilla? Es obvio que celebramos los logros de los jugadores que nos representan. Logros ajenos. Aquello no tiene nada de malo, sin embargo, lo malo está en la prioridad que le damos a esos logros. 

Si los profesores de Chile fueran los mejores en el mundo, superando a Finlandia, aquello sí que sería motivo racional de celebración. Yo no soy profesor, así que, para mí, sería un logro ajeno de personas que representan a un país. Sin embargo, celebrar aquel logro es celebrar el acercamiento a la cultura. En cambio, ¿celebrar una victoria futbolera de nuestro país es un acercamiento a qué? ¿A un país más futbolizado? No creo que sea posible futbolizar más a Chile de lo que está. Y lo preocupante es que en nuestra escala de valores pondríamos primero el logro de los jugadores. No me imagino a nadie gritando a todo pulmón, saltando, dando feriados, por el hecho de que fuésemos los mejores en educación. No obstante, si ganásemos el mundial, todo lo anterior se daría. Gente celebrando y llorando porque nuestros representantes son los mejores en la persecución de un balón. 

A mí me parece triste que tengamos a 2 premios Nobel y que pocas personas se den el lujo de leer poesía chilena. Copas mundiales no tenemos ninguna, pero nadie se pierde el partido por nada del mundo. 

Como seres humanos, hay una parte nuestra que es animal y otra que es más elevada, la cual utiliza la razón. Ahora, como sociedad, hay que plantearnos lo que queremos. ¿Qué ganamos al salir victoriosos de una copa mundial? Placer mundano. Para mí, una victoria mucho más enriquecedora sería eliminar la pobreza del país. Pero para eso necesitamos tener los dos pies puestos en nuestra parte humana que es más elevada. 

Por último, todo el mundo se queja de los desmanes después de los partidos. Pero lo gracioso es que quienes se quejan son los que más pasión tienen por esta actividad. Poner al fútbol por sobre los valores sociales que queremos lograr produce ese efecto. Hombres que sacan su faceta de primate y empiezan a destruir cosas. Si no quiere que esto pase señor, grite por la educación y por la cultura de los jóvenes y no por el Rey Arturo. Quizás si hace eso, entonces jóvenes más educados podrían razonar mejor al momento de destruir propiedad pública. 

En conclusión, yo no llamo a dejar de celebrar. La celebración no es mala. Pero pongámosla en el lugar que corresponde. Pongamos al fútbol en un alto lugar, pero ese alto lugar tiene que estar muy por debajo de cosas como la educación, la salud y la tolerancia. Si no hacemos eso, ¿con qué autoridad después reclamamos por los destrozos?

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